En pausa


Bueno, por lo pronto no voy a escribir como por 1 semana, ya que me voy a la casa de mi prima en Florencio Varela (el culo del mundo, a la derecha), para tomar un poco de “aire”. Y digo aire entre comillas porque quiero que nos tomemos un tiempo con mi pareja para ver cómo siguen las cosas.
Hace un rato me agarró un ataque de llanto de esos que no te dejan ni respirar. Y entre tantas lágrimas, cuando logré calmarme un poco decidí qué hacer por el momento.
Las cosas con mi pareja a veces están de maravillas y a veces andan a los tumbos, como en todas las parejas.
Ya, me cansé de decir “mi pareja” como una tarada y le pongo nombre: Andrés.
Decía, las cosas con Andrés a veces son difíciles, porque los dos somos difíciles, somos muy distintos en varias cosas. La más evidente es que él es racional y yo emocional. No por nada él es un futuro contador y yo una futura psicóloga. No digo que él no sienta, no sea sensible, pero prioriza más lo mental. Y tampoco digo que yo no piense, no sea racional, pero priorizo lo sentimental. Así y todo nos enamoramos hace 6 años y contando. Lo amo con el Alma. Han pasado varios chicos por mi vida, pero Hombres (así, con mayúscula) uno solo: Andrés. Y no dudo que él me ama también (aunque con lo paranoica que soy a veces sí lo dudo!). No es el amor lo que está en juego, sino otro tema que para mí es fundamental: mi hijo.
Ese es el problema: es MI hijo, no el suyo. Sé que no dejaría que le pase nada malo, lo conozco, y sé que lo quiere a su manera, pero SU manera lastima a MI hijo. Y yo siempre dije: “Esto es un combo, venimos de a dos. Podes quererme a mí, pero si no queres a mi hijo, lo siento, chau picho y a otra cosa”. Yo no obligo a nadie, las cosas se sienten o no se sienten, la puerta está siempre abierta para irse. Esto él lo sabía, y durante los primeros 2 años estuvo todo bien, porque mi hijo tenía 5 años cuando empezamos a salir. A Andrés le gustan los chicos, mientras se mantengan chicos, después de los 7 años la historia es otra para él. Así fue su papá con él y lo entiendo (mierda pura es el viejo), pero vamos, que sigue siendo un chico. Fran (mi hijo) se desvive por él, lo ama con locura. Pero el pelotudo de casi 30 años parece no darse cuenta (me salió la bronca). Entiendo que le cueste abrazar y ser abrazado (excepto conmigo, le cuesta con todo el mundo), demostrar cariño, a él le enseñaron que tiene que demostrar autoridad, la responsabilidad es lo primero. Si, ya sé, si mi hijo lo quiere por algo es, no es un tipo malo para nada, pero no es… papá. Y mi hijo pide a gritos un papá por la historia que le tocó en suerte. Pide a gritos que le demuestre amor, que lo abrace, que le juegue, que lo acompañe. Fran le ha escrito cartas diciéndoselo, le ha hablado, llorando se lo ha dicho… y el pelotudo racional no puede aflojarse la corbata.
La puta, cómo duele. Se me parte el Alma, y estoy harta, harta, HARTA, de que mi hijo pida unas migajas de cariño. Mierda!!
Y tampoco me conformo con lo que antes me decían: “bueno, pero te aceptó con un hijo que no es de él, qué buen chico”, “pensá que no cualquiera se hace cargo de un hijo que no es suyo”, “tuviste suerte, da gracias”,etc, etc. Qué le pasa a la gente?? Acaso no puedo pedir más?? Porque se “haga cargo” de mi hijo, me “acepte” con un hijo que no es de su cosecha yo tengo que estar agradecida??????? Tengo que rendirle culto y hacerle un monumento porque “tuve suerte” de que NOS aceptara???? Estamos todos locos, digo yo??? Para cierta gente tengo que agradecer que me quieran habiendo sido madre soltera, oh, gran pecado para esta bruta sociedad.
Para mí las cosas siempre fueron claras y se lo hice saber, no había problema si no quería seguir la relación porque no quería “hacerse cargo” de un hijo ajeno. Obviamente cuando empezamos la relación Fran no sabía nada, no era cosa de que se enganchara con alguien que después se fuera, ya bastante había tenido. Siempre tuve claro que por ser madre no dejo de ser mujer, y mis cosas las tenía, pero mi hijo no se enteraba. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. A no mezclar que el chico después termina con un matete en la cabeza.
Así que hoy invoqué a mis espíritus protectores para que me ayudaran a buscar alguna forma de ver si entiende cómo son las cosas después de ver a Fran con los ojos llorosos porque Andrés no quería jugar con él porque siempre está “cansado”, “no tiene tiempo”, “ahora no”, “no tenés nada que hacer?”, “salí de acá”, etc, etc, y lo que me surgió para no convertir esto en un campo de batalla al ver su indiferencia y su pelotudez, fue abrir la puerta del baño mientras se estaba bañando y decirle: “Necesitamos un tiempo, me voy a lo de mi prima”. “Bueno”, fue su única respuesta con cara de enojado, obvio, porque no se va a perder la oportunidad de “enojarse más que yo”, aunque la cagada se la haya mandado él.
Ya probé hablar, dialogar, enojarme, gritar y ahora me voy.
Por supuesto que cuando se fue a acostar, a mí no me saludó, pero “dejó” (siempre tan considerado él) que Fran lo fuera a saludar a la cama y le estuvo hablando cariñoso. Porque es así, siempre hace lo mismo, cuando me harto de su indiferencia para con Fran y terminamos peleando, se muestra cariñoso con el nene. Sólo si me enojo; si le hablo bien, como la gente suele entenderse (cada vez menos, lamentablemente), no le da bola.
El amor se mendiga, pregunto yo?? Hay que humillarse para que le den un poquito de cariño?? Qué somos, perros??
El amor no se pide, se dá, carajo.
Hasta pronto.
Me voy, NOS vamos, nos fuimos.
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Mensajera de los dioses


Anoche enterramos a mi gata. Fue un dolor muy grande para mi hijo, mi pareja y para mí. Tenía sólo 9 meses, y hacia 6 que estaba con nosotros. A Iris la desee tanto, la busqué tanto (casi como un hijo), que desde la noche en que la traje fue parte de la familia. A algunas personas les cuesta entender esto, pero a tantas otras no. Algunas mascotas no son sólo eso, sino integrantes de la familia.

Buscaba una gata negra, me decían de otros gatos y no quería ni siquiera ir a verlos porque sabía que me iba a enganchar con cualquier gatito, porque me encantan después de haberles temido durante toda mi vida.

Desde chica tuve ciertos episodios con gatos ajenos que me hicieron tenerles miedo, eso sumado a las películas de terror que veía y en las que los gatos eran seres crueles, malditos.

Pero todo eso cambió el día en que estando en el ex kiosco de mi pareja, allá por el 2004, apareció una gata atigrada “adolescente”. Estaba perdida, se notaba que no era de la calle, y nadie la reclamó. Ese día me animé a llevarla a mi casa hasta encontrarle un lugar, y se quedó 2 años. La llamé Kiara, y tuvimos una relación hermosa. A veces parecía más un perro que un gato: saltaba colgándose del picaporte para abrir la puerta del patio; le tiraba una pelotita y me la traía en la boca; cuando yo iba a la avenida me acompañaba algunas calles y se quedaba esperando por ahí hasta que volviera. No se si serán cosas que normalmente hace un gato, puesto que esa fue mi primera experiencia. Siempre andaba de acá para allá, pero cuando salía al balcón y le chiflaba o le decía “Kiki”, venía corriendo. Fue una experiencia hermosa, una relación hermosa, y un dolor enorme el día que la robaron.
Esa es la idea que me quedó, porque no apareció más de un día para otro y en más de una ocasión una vecina paró a una “vieja de los gatos” que se la quería llevar. Esta vieja iba con un carrito alimentando a los gatos del barrio con carne picada. Claro que le pregunté después que Kiara desapareció, pero ella me dijo que no la había visto. Le tomé bronca a la vieja y también pensaba que quizá ella no tenía ni qué comer (porque se la veía bastante descuidada) pero alimentaba a los gatos. Era definitivamente “la vieja de los gatos”. Si ella se la llevó, me gusta pensar que Kiara está bien y contenta, comiendo carne picada todos los días, haciéndole compañía a esta señora que se desvivía por los gatos.

Así que después de Kiara, no quise tener ningún gato, no porque realmente no quisiera, sino porque me quedé con un vacío y un dolor que no quería “rellenar” con otro gato.
Pero llegó el 2008, recién mudada de casa, y me dí cuenta que me llegó el momento. Quería una gata negra, una gata bien de bruja. La busqué, la encargué, y en Julio apareció. Era la más chiquita de la camada, conocí a los hermanitos y eran todos más grandes que ella. Daba miedo pisarla, había que mirar el piso, no vaya a ser que apareciera y no la viéramos. Era una ratita. Cuando llegó a casa, inspeccionó todo, se metió en todos lados, y al patio no salía, tardó un tiempo en salir, le daba miedo. Estuvo sin nombre un largo rato, quería buscarle uno que “le quedara”, con todo su significado.

Iris (mitología): “En la Ilíada se la describe como mensajera de los dioses, sin embargo en la Odisea este papel está reservado a Hermes. Iris es la personificación del arco iris que anuncia el pacto de los humanos y los dioses y el fin de la tormenta; al igual que Hermes, es la encargada de hacer llegar los mensajes de los dioses a los humanos.”

“Iris”, dije, y así fue.

Nos “peleábamos” porque yo era la única que le ponía límites, pero no venía al llamado de nadie, excepto al mío. Cuando entrábamos de la calle, siempre estaba esperando del otro lado de la puerta dispuesta a recibirnos. Dormía muchas veces en nuestra cama. Con mi pareja tenía una relación especial (como buena gata decía yo). A la mañana, cuando sonaba el despertador, se quedaba al lado de él esperando que se levantara (que nunca es rápido), lo acompañaba a la cocina, lo esperaba mientras desayunaba, se quedaba del otro lado de la puerta del baño esperando que él saliera, y cuando se iba lo acompañaba hasta la puerta. Se quedaba un rato llamándolo y se volvía a dormir conmigo. Cuando él volvía del trabajo, lo esperaba en la puerta, y los días en que él tenía facultad, ella se quedaba conmigo mirando tele en la cama y cuando escuchaba la llave en la puerta, salía corriendo a recibirlo. Era torpe, atropellada, cuando caminábamos se nos enredaba de tal forma en las piernas que nos hacia tropezar, para pedir caricias te golpeaba la mano con su cabeza. Traía todas las cucarachas del barrio abajo de la mesa de la cocina, cazaba pájaros y también los llevaba abajo de la mesa. Yo salía corriendo a los gritos para que le sacaran el pobre pájaro, que eran más grandes que ella. Más de una vez espanté pájaros a tiempo, antes que los agarrara de juguete.

Anoche mi pareja decía: “Todos los gatos no son iguales”, con los ojos llorosos. Kiara fue mi gran compañera e Iris la suya.

El lunes a las 20hs estaba perfecta jugando en el patio, a las 21hs se subió al techo y a las 22hs volvió a agonizar en casa. Creemos que la envenenaron, porque pasó todo muy rápido, aunque fue largo su sufrimiento. No nos dejó estar con ella, y me quedé mirando su agonía desde el otro lado del vidrio sabiendo que no se podía hacer nada. Mi gata se moría. Se moría enfrente mío y no podía hacer nada por ella, ni siquiera para que no sufriera de la forma en que lo hizo. La impotencia es enorme, ves al ser amado (ya sea ser humano o mascota) sufriendo y no podes hacer nada para aliviarlo. Mi pareja quería llevarla al veterinario, pero no sabíamos dónde, y además no se podía hacer nada. Fue difícil para mí entenderlo, reconocerlo y decirle: “Ya está, se muere. Nadie puede hacer nada.”. Decírselo a él mirándolo a los ojos con todo el dolor del mundo, tranquilizar a mi hijo para que lo “aceptara”, verla sufrir y no poder estar con ella. En un momento de desesperación incluso se me ocurrió sacrificarla, y creo que si hubiera tenido algo para hacerlo lo hubiera hecho, porque no se merecía terminar así. Tenía que morir de vieja al lado nuestro. Pero no se me ocurría con qué para que se termine de una sin hacerla sufrir más. Así que ahí me quedé, mirándola, mientras mi pareja me decía desde el patio: “Mar, no mires, te va a hacer mal”. Y sí, me hizo mal, hace 2 noches ya que duermo a los tropiezos, despertándome con cualquier ruido creyendo que es ella. Las imágenes se agolpan en mi cabeza, de las felices y las de esa noche. Miré, la miré, hasta que todo terminó, porque no podía irme y dejarla sola aunque una puerta nos separara. Aunque ella no supiera que estaba yo ahí acompañándola, por lo violentas que eran las convulsiones. Era lo menos que podía hacer por ella. Lamentablemente, era lo único que podía hacer.

1 hora después la puse en una bolsa con todo el dolor del mundo, viendo en su carita toda la agonía, los ojos y la boca abiertos. La quise poner en una caja pero no encontré una de su tamaño.
Anoche la enterré en el patio, y cuando la saqué de la bolsa, tenía los ojos y la boca cerrados. Me sorprendió que se cerraran solos, pero dí gracias porque parecía que estaba dormida. Así la dejé. Así la tapé.

Mi hijo también está destrozado, los tres lo estamos.

No sé si fue algún vecino o algo que comió por su cuenta. Mi pareja subió al techo para ver si había “evidencias” de algo o alguien. Obvio, no había nada.

Por ahora no quiero tener un gato en los próximos 20 años.
Así no hay corazón que aguante.

Todos los gatos no son iguales.

Prisionera

Acaba de irse de casa un amigo de mi pareja y mío, los tres de la época de la secundaria. Cuando me enteré que venía, me puse un poco incómoda, no por él en sí, sino por mí.

De hace un tiempo a esta parte, cada vez que tengo que salir con alguien o alguien tiene que venir a casa, me fastidio. Uno de mis problemas es la gran incomunicación en la que me he sumido, mi ostracismo. Entonces no me dan ganas de que venga nadie ni de ver a nadie ni de salir con nadie. Todo lo contrario a lo que yo era, puesto que mi casa era algo así como la casa del pueblo, con las puertas siempre abiertas, y yo era una “buena amiga”, no tenían que llamarme dos veces para que vaya adonde querían, siempre comprometida en las causas, buenas o malas. Si no podía, era porque mi hijo estaba enfermo o no tenía quien lo cuidara, de lo contrario me comportaba como una girl scout, “siempre lista”.
Extraño esa etapa de mi vida, esa que era yo y que al mirarme al espejo ya no encuentro. Estoy huraña, solitaria, esquiva.
En qué momento pensé que esta era la “solución”, no lo sé. Ni siquiera sé si lo pensé y lo decidí o simplemente por sentirme maltratada me encerré sin consultármelo.
Por sentir que la vida no es como yo la imaginé, que la gente no es como la creí, que parece que hay más personas dispuestas a lastimar que a acompañar. Que todo parece la ley del más fuerte, que si no pisas cabezas te quedas con un zapato hundido en la cara mirando el suelo, que si no sos como los demás, entonces sos “rara” y hay que apartarte, sacarte del camino, deja
rte sola, hacerte un vacío, humillarte, joderte, dañarte, apalearte.
Como consecuencia de todo esto, un día en medio de una crisis nerviosa “decidí” esfumarme, desaparecer, no molestar más, hacerme invisible, desintegrarme. Me encerré en el único lugar que puedo estar “a salvo”: mi casa. Una cosa lleva a la otra, las excusas de “tengo que estudiar”, “tengo que limpiar”, “mi hijo está enfermo”, etc., me dieron una pequeña protección del mundo exterior cuando no entendían porqué yo no salía ni porqué ellos no entraban.
Pero esto fue una trampa, porque entonces me convertí en blanco de mi soledad, de mis angustias, de mi pasado, de mis nostalgias, de mis recuerdos, de mis fantasmas. Fui presa de mí en mi casa. Y como había tirado lejos la llave para no volver a sufrir, cuando la quise buscar para salir de este nuevo sufrimiento, no la pude ni la supe buscar.

Y acá estamos, en este 2009 buscando la llave para abrirme y salir. No es que esto se me haya ocurrido ahora, ya la anduve buscando, sobre todo cuando me estaba mudando y uno revisa las cosas guardadas, pero la llave no apareció. Será porque el 2008 fue un año más violento para mi cansada Alma que el 2007, y cada vez que asomaba el hocico por alguna hendija, alguien me daba un golpe con un diario viejo. Será porque en el 2007 sufrí también mucho y aún no sabía lo que me esperaba. “Pensaste que eso era duro? Pensaste que eso era sufrir? Acá tenés más, siempre más”, decía el 2008 con un tono horriblemente burlón, por no decir que se me cagaba de risa en la cara.

Y ahora este 2009…

Nuevito, limpito, a estrenar, con 12 cómodos meses por delante, luminoso, a veces con lluvia, frío y demasiado calor.
Será tan sólo un cambio de días, pasás del 31 de Diciembre al 1° de Enero en un santiamén. Tirás un calendario para empezar otro como tantas veces a sucedido, y en los que en realidad no sucede nada, es sólo una forma cómoda de encasillar el tiempo para darle sentido a nuestra razón.

Será sólo eso, pero en mi actual estado es también una oportunidad para dejar atrás lo que tiene que ser dejado, y emprender un nuevo camino con la llave en la mano.
Es eso: UNA OPORTUNIDAD.

Por eso lo comencé con tanta alegría y lo esperaba con mucha expectativa. Porque era el límite que me había impuesto internamente para decidirme (esta vez sí) a decir: “Basta”.

Tengo miedo de lo que me pueda encontrar al abrir la puerta. Pero tengo terror a quedarme de este lado con la incertidumbre de “qué hubiera pasado si…”.


Retomando lo de mi amigo… qué alegría fue que viniera! La pasamos muy bien los tres, riéndonos hasta saltar las lágrimas con nuestras boludeces de siempre.
Cómo algo tan angustiante se puede convertir en una de esas cosas que te llenan el Alma y te dan ganas, ahora sí, de hacer saltar la puerta de una patada, incluso con la llave en la mano.


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Silencio, tristeza a la vista


Tengo el sueño trastocado, el domingo no pude dormir en toda la noche, dí vueltas, me levanté, me acosté, apagué la luz, la prendí, agarré el libro que estoy leyendo, lo dejé, etc,etc hasta las 21hs de ayer que caí rendida. Me desperté a las 2 de la mañana muerta de hambre, me hice algo de “cenar”, me quedé en la compu, me fui a dormir y otra vez la misma cantaleta, pero esta vez hasta las 10am. Por un momento me dije de volver a quedarme despierta dada la hora que era, pero como hoy tenía que ir a ver a mi mamá que mañana se va de viaje, preferí dormir hasta las 14hs (hora engañosa, porque me levanté casi a las 17hs).
Anduve toda la tarde callada; callada para mí, callada para los demás. Pocas palabras para el afuera, sólo las justas y necesarias, pocas palabras para el adentro.
Mi cabeza no para un instante, jamás, por eso cada vez que mi interior se calla, me “preocupo”. Es raro no tener nada que decirme, no tener nada en qué pensar, porque la realidad es que tengo de todo y por eso sirvo café en el cenicero, por eso tengo insomnio, porque la cabeza no se detiene.
Amo hablarme a mí y también lo odio. Odio cuando me pasan cosas como la de la otra noche, que no duermo porque me hablo. Y amo esta eterna compañía que me hago, que hace que la vida no sea tan chata, al menos en apariencia porque estoy recluida al ostracismo, lamentablemente.
Días como hoy en los que no me escucho, son los peores. Es señal de que estoy triste, pero no de esa tristeza que me hace desbordar muchas veces, que me hace llorar y querer gritar, de esa que hace que no quiera levantarme de la cama aunque lo haga igual. Es otra clase de tristeza, es una tristeza del Alma. Una tristeza profunda, dolorosa, pasiva, solitaria.
Y sobre todo silenciosa.
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Señales




Bueeeno, esto es el colmo, lo que acabo de hacer no lo puedo creer ni yo, aunque a esta altura nada me sorprende, yo lo sigo haciendo. La verdad es que me supero cada día. Estoy empezando a pensar seriamente en la posibilidad de ir al médico, al psicólogo al cual tengo abandonado y nada mal me vendría por lo que veo, al manosanta, no sé. Me rio porque tengo la virtud de reírme de mí misma (y también de los demás, porque no!!) pero si me pongo a pensarlo seriamente algo tengo que hacer.
Siempre fui desbolada, “cabecita de novia”, colgada, “de las nubes”. Siempre he sido así y ya me acostumbré. Nunca me molestó demasiado, salvo en ciertas ocasiones en las que necesitaba estar “despierta” y pasé a ser “la boluda”. Pero a pesar de todo aprendí a bancarme así, aunque a veces a los demás les pese este “defecto”, para mí ha sido una de las cosas que me ha salvado la vida en circunstancias poco agraciadas, así como también me ha salvado la risa.
Cuestión que hace unos minutos fui a la cocina a vaciar el cenicero y servirme café. Ajá. Nada del otro mundo. Cada vez que hago café, lleno un termo para mantenerlo caliente y no tener que pasar por el microondas a cada rato. Dos de mis principales vicios son el café y los cigarrillos. Pensando como siempre en bueyes y arados perdidos, vacío el cenicero, lo dejo en la mesada y agarro el termo. Lo abro y… sirvo café en el cenicero. Cuando me doy cuenta de lo que estoy haciendo, me sorprendo (¿?) y me puteo, me rio, me comprendo (¿?). Pienso: “qué boluda!!jajaja”, mientras sirvo café en… el vaso que dejó mi hijo con coca!!! Pero la puta madre!!!! Esto es de no creer (casi)!!! Es de diván, porque no puede ser que hago algo que no tengo que hacer y mientras me estoy preguntando cómo pude haberlo hecho, hago otra cosa que no tengo que hacer!! Evidentemente mi carrera es psicología, no estaba tan errada. O sí, no sé… pobres pacientes!!!
Obviamente estoy asombrada de mi superación y me rio, pero algo de paranoia ya me agarra, pienso en enfermedades extrañas y si estas no serán señales que me esta enviando mi cabeza.
Siempre dije que soy de esas personas que son capaces de “guardar” el control remoto en la heladera, si bien nunca me pasó… hasta ahora???
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Desconectada sin nada que ponerme

4 días sin Internet. Cuando está al alcance de la mano, hay veces en las que no sé qué hacer. Cuando no tengo conexión… había tanto que quería buscar y justo se les da por tener un problema que no pueden solucionar desde allá y tienen que venir!!! La Gata Flora en persona: si lo tengo, para qué lo quiero; si no lo tengo, lo quiero yaaa!!! Es como cuando me estoy quedando sin cigarrillos (maldito vicio), he salido a comprarlos a las 7am, sin más paseo que ir a comprarlos y volver a casa a dormir, desesperada por no tener el famoso pitillo, pero una vez comprado vuelvo a casa sin siquiera abrir el paquete porque la “necesidad” está satisfecha, el saber que ya tengo lo que quiero me es suficiente.
Hoy estaba acomodando mi ropa, revisando todo y me dí cuenta que tenía remeras que las he usado poquísimas veces. A qué viene esto? A que hace 2 semanas, para el aniversario con mi pareja, salí desesperada el mismo día del festejo (para no variar siempre a último momento y última hora) con la intención de comprarme algún conjunto de ropa interior, accesorios varios y una remera!!! Estaba emputecida con que quería una remera porque no quería salir con lo mismo de siempre, el famoso “no tengo que ponerme!!” y la posterior entrada en pánico y salida a Cabildo. Encontré una remera que usé una sola vez hace mil años y me encanta, y otra que ni siquiera estrené!!! (Esta última dudo que mi esbelto cuerpo pueda entrar ya en ella, más bien se va a dedicar a salir y asomar por todos lados). Ojo, no me quejo en exceso, la remera que me compré para esa noche me encanta y no hay mal que por bien no venga. Nunca hay “demasiadas” cosas colgadas en el placard. Siempre hay lugar para más en el corazón y el placard de una mujer.


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Hora propia

Y lo logré. No era tan difícil después de todo... (la superadaaaaa!!!)
Lo que sí no logro es que se quede en la imagen que yo quiero, siempre vuelve a la primera. Y bueno... todo no se puede... hoy. Mañana seguiré intentando!


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Las horas ajenas

Intento darle un poco más de onda a este blog y poco a poco lo voy logrando (creo!). Pero a ver... quiero ponerle un relojito y no puedo, me manda a quién sabe dónde quién sabe por qué. Encima las instrucciones están en inglés, y si bien algo sé, tampoco es para tanto. No me instruyan en Inglés!! No entiendo, con mis 8 años de Inglés encima, dejados hace mucho más de una década, lo único que me sale es: "mí no entender!!", así, a lo Catriel (este último detalle delata terriblemente tooooda mi edad). Qué lo tiró!! Quiero el infame relojito!!!
En fin... seguiré mirando horas ajenas o la que está en el margen inferior derecho de la pc.


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Pichón en vuelo

Y estaba pensando… ahora qué hago con mi pichón que se me escapa? Está próximo a cumplir los 12 años, cosa que me encanta y me aterra. Ya viaja desde el cole a casa solo en colectivo (lo voy a esperar a la parada), se va en colectivo a la casa de la abuela, viene de allá (siempre esperando alguien en la parada)…quiere ir solo a comprar a los chinos que están a dos cuadras, y es feliz si tiene que hacer un mandado... cosa que no hace porque no lo dejo. Pero me lo pide, quiere volar solo, sin mí. Y está en todo su derecho, lo acepto, está bien que sea así, señal que está creciendo como corresponde. Pero… y yo???? Qué lugar vengo a ocupar yo en esta historieta?? Sólo el de espectadora?? Me tiemblan las piernas de pensar en el viaje de egresados y eso que faltan casi 2 años. Ya me hago malasangre por anticipado, para no perder la costumbre. Así que imagínense ahora...
Cómo puede ser, yo que siempre fui tan liberal, que para mí hay que dejar vivir, que cada uno haga lo que quiera mientras no joda como mala persona. Que siempre le critiqué a mi vieja ser tan corta mambo, tan pacata, tan absorbente, tan controladora… ahora se me da vuelta la tortilla, ahora hasta llego a creer que la entiendo (¡!), ahora es mi turno de sufriiiiiir como la madre que soy, de volverme incoherente, de no entender razones!!!
Por suerte dentro de tanta incoherencia y ataque de nervios, no dejo de ser objetiva y dejo que mi hijo haga algunas cosas (suena re castradora), no todas las que él quisiera lamentablemente, porque como siempre le digo y sostengo: “no es que no te tenga confianza, no le tengo confianza a los demás”, y por eso en este bonito siglo cada vez hay que tener más cuidado con todos en la calle y en la vida. Pero ciertas cosas ya hace, como lo del colectivo. Y ante cualquier ataque de absorbencia que tengo, mi hijo me dice: “No te preocupes, má. Todo va a estar bien”, se da media vuelta y hace lo que tiene que hacer… no darme bola. Y me quedo mirando cómo se aleja en el colectivo, mientras me saluda con una gran sonrisa… y me quedo con las piernas temblando y paranoica.


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Y ya es 2009

Si, ya es 2009, ninguna novedad dirán ustedes y también yo. Me entretuve tanto tiempo en la nada, que desde Septiembre no escribo y eso que era mi primer entrada a este cybermundo y estaba muy emocionada. Qué se le va a hacer... soy tan exigente con lo que escribo en cualquier aspecto de mi vida, que cada vez que me sentaba delante de este blog, tenía algo así como un panic-attack. "No soy digna". En fin, estaba leyendo otros blogs y me dije: "Ma´si!! Lo que te salga!!". Al fin y al cabo.. que puede pasar?? Es tan grande la necesidad de escribir que tengo y es tanta la exigencia que me impongo, que yo sola me vuelvo loca. Tendrían que estar en mi cabeza para saber lo que se siente, me peleo conmigo misma por escribir de la "forma adecuada" algo que ni siquiera lee alguien, imagínense si llego a ver un numerito que me dice que alguien se pasó por acá aunque sea de equivoque. Ni digan, ya tengo pulsaciones sin lectores a la vista.
La verdad es que me había animado a escribir algo un día del 2008, pero como no soy muy experimentada en esto, no sé qué fue lo que toqué mal que se borró todo. Vaya decepción!! Y no lo había copiado (me dí cuenta que no me deja y ahora escribo todo primero en Word y después lo pego acá). Con esto que acabo de escribir me doy cuenta que los “problemitas” que hay en mi interior son autogestionados. Me enfermo sola!!!! Algo de esto ya sabía, pero ahora agrego un problema más a la lista, y van…
Obviamente esa vez cerré todo y me fui a dormir peleada con el blog y con mi ignorancia. Como si ya no me peleara con nadie en el día a día, encima me peleo con algo intangible y conmigo. No, si mi madre tenía razón: “Si no tenés problemas, te los inventás”, sentenciaba. Y acá estamos… como la vieja de 31 que le da la razón a mami. Qué pelotuda!!!
Bueno, me llegaron los 31, me cayeron encima, me atropellaron, me llevaron puesta. De todas formas es la primera vez en los últimos años en que me dí cuenta que estoy poniéndome “grande” y no estoy taaaan peleada con mi edad. Dije “taaaan”, tampoco nos hagamos las superadas. Me faltan algunas cositas en mi vida de 31, pero igual los empiezo bien. Bien con la edad, bien con el año. Estoy contenta con esas dos cosas. Pero ya me pongo nerviosa de solo pensar todo lo que quiero para mí a partir de ahora.
No cambio maaaaaaaassss!!!

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El Principio




Y en un comienzo sólo era una chica de 18 años, cursando por tercera vez 3° año del viejo sistema de 1° a 5°. Toda una alumna modelo. Estaba de novia, muy contenta en esa relación enfermiza, que por suerte no era él de ese colegio, porque sino hubiera arruinado los magníficos planes que tenía para mí. 18 años estrenados en Diciembre, corría ya el mes de Mayo, y estaba dispuesta a disfrutarlos "a full".Una de mis mejores amigas de aquel entonces me había instalado una duda fundamental: "Cómo sería el sexo con otros chicos". El tipo en cuestión (el "espermatozoide", como lo llamo por no ser en la vida de mi hijo más que eso) no había sido mi primer novio, pero sí el primero de esos "primeros" que las mujeres sabemos. Y sí, todo un abanico de posibilidades ante mis ojos de hombres siempre bien dispuestos, como casi todos los hombres. "Un favor no se le niega a nadie", dirán ellos. Y juro que por los hombres que después elegí, yo diría que el favor se los hice yo. Pero esa es otra historia.
Corría el año 1996, y con esas ideas en la cabeza, con esos hombres ante mis ojos, y con esas hormonas muy bien puestas y dispuestas, decidí quedarme "libre". Recuerdo que fui a su casa a dejarlo, no tenía dudas, pero las hormonas me traicionaron esa noche y tuvimos sexo en el living. Antes de irme le dije la nueva noticia: "Se terminó". No entendía porqué, qué era lo que pasaba, recién habíamos estado juntos y ahora le decía que lo dejaba. Ahora que lo pienso, qué locura!! Es la primera vez que lo escribo, y eso que soy de escribir mucho, pero leyéndolo es que me parece una locura!! No dejarlo a él, que era un ser asfixiante, sino haber tenido sexo y levantarme como si nada para decirle que se había terminado. Qué horror!! En fin... "Se terminó", le dije, y no recuerdo si me detuve en darle explicaciones, aunque no lo creo por lo decidida que estaba a terminar con esa historia de una vez y comenzar con mi nueva vida.
Todo iba bien, hasta que en el colegio empecé a tener nauseas y a los 3 minutos de salir de la clase por sentirme mal, me fui a la cafetería a pedir un pancho. Es la primer imagen más vívida que tengo del comienzo del embarazo. Claro que ni se me cruzó por la cabeza la idea. Recién cuando el dichoso período estaba atrasado, caí en la cuenta. Es más, me parece que no fue idea mía. Era tal el limbo en el que vivía. El "tupper" dirían ahora. "Frasco de mayonesa" era antes. Ni sé a quién se le ocurrió. Creo que a mi madre. Recordé que esa noche en la que mi nueva vida comenzaba, era la segunda vez que no usábamos preservativo. Sí, señoras y señores, me despedí de él con un polvo y se ve que estaba tan apurada por lo que me esperaba, que ni preservativo se puso y yo no dije nada. Y allá fui a hacerme un análisis de sangre, un "dap-test". No sé a los cuantos días fui a buscar el resultado, sé que él ya estaba enterado de que a lo mejor estaba embarazada, y se enojó cuando le dije que iba a buscar el papelito con una amiga y no con él. Como no hubo forma de convencerlo porque estaba muy "ofendido", me fui con mi amiga y cruzé todo el centro en colectivo una hora, hasta la casa de él con el resultado cerrado en la mano. Evidentemente ya no estaba tan decidida, estaba con "la cola entre las patas". Llegué a su casa, mi amiga no sé en qué parte del camino quedó y él se había ido a jugar al fútbol. Lo esperé con el sobre cerrado en la mano hasta que lo vi llegar por la ventana, lo abrí y...
Comenzó mi nueva vida.
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