Trapitos al sol (y un poco de desahogo!!)


El viernes llegaron unos parientes de Entre Ríos, provincia natal de mis padres. Una prima (ni eso, en realidad mujer de mi primo) y un tío (este sí es tío tío). Siempre hay indeseables en la familia de uno, por desgracia casi la mayoría de la mía entra en esa categoría.

Estos dos personajes le avisaron a mi vieja el viernes a la mañana que venían y a la noche ya los tenía en mi casa porque en la casa de mi vieja no hay lugar para que duerman.

Yo soy de esas mujeres que suelen bancarse muchas cosas, más de las “recomendables”, y así termino después. También soy de las que intentan rescatar el lado positivo de todo y hasta me doy el lujo de justificar lo injustificable (así me fue!!).

Lo que sí no me banco por nada, es la injusticia, la falta de respeto, la traición. Me vuelvo loca. LOCA. La mayoría de las veces no confronto, porque de hace un tiempo a esta parte me puse tarada para eso. Me tiemblan las piernas de lo nerviosa que me pongo, sin exagerar. Entro en pánico, pero esa es otra historia.

Iba a que en las familias no todo es lo que parece, nunca. Y llegaron estos familiares a casa. De mi prima política mucho no tengo que decir en este caso, porque si bien sé que no se puede confiar en ella porque es de las mosquitas muertas que en cuanto pueden te clavan un puñal y hay que esconder la plata porque acá el que no corre vuela, ayuda bastante con las cosas que hay que hacer, y si viene de visita no espera ser atendida como reina mientras el séquito (séquito = mi vieja, mi viejo, mi pareja y yo) se desvive alrededor suyo.

Pero, dejate de joder, mi tío (hermano de mi vieja) es un parásito misógino y vividor que le saca la plata a mi abuela, sienta el culo en una silla y no se levanta más, y hasta el vino hay que servirle (y a veces hasta comprarle, porque se hace el boludo y encima, si a la hora de comer no lo tiene en la mesa, se enoja). Lamentablemente hay que hacer “buena letra” y no despotricar demasiado porque mis viejos se van a ir a vivir al mismo campo que él (no a la misma casa) cuando mi papá se jubile, y hay que mantener las relaciones lo mejor posible. Cosa a veces con la que no estoy del todo de acuerdo, porque uno se tiene que bancar que le pisen la cabeza, hablen mal de uno, se enojen porque sí, se pasen de vivos, etc, etc.

No me voy a poner a enumerar la lista de “cosas” que hay en mi familia porque no termino más, pero es indignante. Ni yo me salvo, que siempre fui la “oveja negra”. Con eso digo todo.

Pero lo de este tipo (y dale con este tipo!! No es que esté obsesionada, sólo me descargo un poco) acá en casa me superó. Porque hasta allá (en Entre Ríos) cuando vamos hay que “servirlo” al “señor” (ya que no tiene mujer ni hijos, nadie se hace cargo de él y le toca el triste papel al que encuentre a su paso). Cuando comemos en el patio, ni una silla es capaz de correr, sólo la de él (con suerte). No levanta un plato, no paga nada, no lava nada, no corta nada, no hace nada. Ni mate ceba para los demás, sólo para él. Y acá en casa no fue muy diferente. Se enojó con mi vieja un par de veces porque ella le repetía la pregunta que le hacía porque no lo escuchaba (ni para hablar fuerte sirve, sólo cuando se enoja). Sí, cuando se enoja grita y si tiene que hacer algo y hay mujeres en donde él esté, empieza con la cantaleta “son unas arrastradas, yo tengo que hacer tal cosa habiendo mujeres en la casa porque son unas arrastradas”, etc, etc. Sinvergüenza!!!

Ayer se fueron. Mi pobre vieja corriendo para todos lados (nosotras la ayudamos, pero ella es la que está en absolutamente todo) hasta último momento que fue a dejarlos en Retiro. Debe de haber caído desmayada cuando llegó a su casa, libre al fin.

Y suena en mi cabeza la canción: “No hay nada más lindo que la familia unida…”
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Vueeelve...


Me quedó pendiente en qué quedó “aquello” por lo que me fui a buscar aire y volví. Claro está que “el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, y en esas me anoté yo. Volví porque extrañaba mi casa, mis cosas… y sobre todo a Andrés. Los primeros días (me fui 5!!) estuvieron bien, pasables, tolerables. La hospitalidad de Varela estuvo bien, el tema era yo, que no me había ido en buenos términos de casa. Obviamente me fui para volver, no es que dije “san, se acabó”. Pero supuse que si hablar y gritar y patalear y dialogar no era suficiente incentivo para que las cosas cambiaran un poco, entonces me iba para darle espacio a que pensara si nos extrañaba (sobre todo a mi hijo). A veces cuando uno está compartiendo casi todo el día, todos los días, durante 6 años, es muy difícil darse cuenta si ya uno extraña y quiere realmente o sólo está acostumbrado. Así que allá partimos, colectivo, subte, tren y colectivo nuevamente de por medio.
Andrés y Fran se mandaron mensajes todos los días. Que “te amo”, que “duermas bien”, que “cómo la estás pasando”, etc, etc. Apenas subimos el primer colectivo, Andrés (que nos acompañó a la parada) le mandó un mensajito. Casi, casi y que me vuelvo. Pero no, no perdamos el juicio por un mensajito, sigamos con el plan. Culo del mundo, allá vamos!!
Ellos se mensajearon todos los días, y mi cel no recibía ni uno. Aja!! Las cosas se trastocan un poco, y ya no sabía si estaba en Varela por mí o por mi hijo, o por los dos, o por qué!!! Desgraciado, me mandaba besos a través de Fran pero mi cel no sonaba. Y yo me creía Fermina Daza en “El amor en los tiempos del cólera”, quería que mi amado me vaya a buscar porque yo era muy orgullosa para volver sin que me lo pida.
Pero volví nomás. “Vueeeelve el peeeerro arrepentiiiido…” diría el Chavo!! Ya no era la protagonista de una novela de García Márquez, sino la Chilindrina. Qué lo parió!!!
De todas formas y para mantener un poco mi orgullo (el cual en realidad nunca tuve pero hubiera querido), me convencí que volvía para hablar las cosas como personas adultas. No es que creyera que irme fue una pendejada, porque considero que un poco de tiempo a veces es necesario (soy del bando de las que creen en “tomarse un tiempo para pensar”), pero volver también lo era, porque yo no soy Fermina Daza, y no me iba a arriesgar a que nunca me fueran a buscar. Pasados unos días, teníamos que hablar. Punto.
Nos fue a esperar a la parada, no porque se lo pidiera (ahí si fue “orgullito”, porque ni “orgullo” se puede llamar lo mío), sino porque mandó mensaje para saber a qué hora llegábamos. Estuvo con Fran, todo bien, charlaron un rato y después me preguntó a mí cómo la había pasado.

(N.T.: hoy me compré un “patalín”, ese helado con forma de pie que existía ya cuando era chica. Salimos con Fran y compramos helados para el postre, lo vi y quise probar si era tan bueno como lo recordaba. Acabo de ir a buscarlo al freezer para comerlo mientras escribo, y la verdad es que cuando lo abrí me sorprendió… o a mí se me agrandó mucho la cabeza o mis recuerdos están trastocados, porque me parecía que era más grande. O tal vez es la crisis, que ya no hay plata para hacer un patalín n° 38 y nos conforman con uno n° 34… en fin. Algunas cosas es mejor dejarlas en el recuerdo, que siempre es generoso.)

Decía, me preguntó cómo la pasé, y le respondí tipo monosílabos, para que se dé cuenta de… ALGO!!!! Carajo, cómo cuesta relacionarse!!! Bueno, conclusión que al rato se fue a dormir, y yo con la estúpida idea de que me viniera él a hablar, me agarrara por la cintura, me dijera que nos había extrañado, que no podía vivir sin nosotros, que esos días fueron para él un martirio, etc, etc. Yo todavía adentro de una novela. Así que cuando vi que el tipo se acostaba así sin más, lo llamé (que acertada soy para los momentos), fuimos al patio y le hablé. Sí, yo le hablé a él. Fermina Daza un poroto (¿?). El tipo ofendido porque él me preguntó cómo me había ido y yo no le pregunté lo mismo a él. Pero deja de ofenderte, tarado!!! No ves que te estoy esperando, que me muero porque me abrases, porque aflojes vos primero!!! Una cosa lleva a la otra y al fin me dijo que me extrañó, que me ama, que nos ama, que quiere estar con nosotros a pesar de nuestras diferencias, que eso no hace que él no me ame, sino que me ama cada vez más.
Andrés no es un hombre al que le gusten demasiado las palabras (si bien habla un poco más que el hombre promedio), es un hombre al que le gustan las acciones. A mí me encantan las palabras y las acciones, pero bueno, todo no se puede.
En conclusión, el jueves (día real del cumple de Fran), llegó del trabajo y le regaló una pelota de futbol. A Fran no le gusta jugar al futbol, y por eso muchas veces la pasa mal con otros chicos, porque se supone que es una regla general que los varones nacen con la pelota bajo el brazo. Hay veces en que Fran juega igual para no desencajar tanto, pero los otros chicos se burlan de él porque no sabe patear bien, hace cualquier cosa. Es por eso que hace tiempo le digo a Andrés que lo lleve a una plaza para enseñarle lo básico, lo justo y necesario, para que no se burlen. Pero no hay caso, dice que sí, pero no hace nada.
Que haya aparecido con una pelota de regalo, sin decirme nada, por Motus propio, es un avance. Es una forma de decir que lo quiere. Es su forma. Osea que está dispuesto a ir a la plaza y enseñarle, al fin. Con decirles que casi me pongo a llorar abrazada a la pelota!!

No hay caso… soy la Chilindrina
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Número 12



Y acá estoy de vuelta. Volví la semana pasada, pero no tenía ganas ni tiempo para escribir y hacer comentarios. El jueves fue el cumple de mi hijo, 12 añitos se mandó el nene, y yo con un ataque de madre paranoica que no puede creer que hayamos llegado hasta acá, que se “me” vaya, que crezca y no le importe nada de su pobre madre, que no se detenga a considerar que no puede seguir creciendo y creciendo como si nada más pasara a su alrededor, porque a mí me pasa de todo. Lo miro y lo miro como si estuviera enajenada, como si él no fuera él y yo no fuera yo. Miro sus piernas largas, su porte de futuro hombre (si, recién tiene 12, pero soy exagerada!), su espalda ancha, sus pies grandes. Observo en silencio su longitud cuando duerme y no puedo creer (ni quiero!) que no era más que 46cm cuando nació y ahora ocupa casi toda la cama. Cuánto falta para que le cambie la voz????? Ahí palmo, caigo muerta, no hay discusión al respecto, lo sé con certeza. A quién carajos se le ocurrió que uno tiene que cambiar la voz cuando crece???? Y no me vengan con Dios los que creen en él, ni con la Naturaleza. Uno podría tener la misma voz toda la vida, cuál es el problema? Claro que cuando ya está estipulado que la voz te cambia, si no te cambia es una desgracia, porque se ríe de uno hasta el que no tiene ganas. Así que mejor que le cambie la voz nomás, para que se ponga al tono con esta sociedad. Pero yo ya hice mi inversión, para el Día del Niño le regalamos un radiograbador, con casetera incluida y mic, para que al menos me deje un testimonio de que alguna vez fue un nene y fue hijo mío, para que cuando me agarre el achaque de vieja loca y desarraigada, ponga un cassette de él y escuche su vocecita, en lugar de tomarme un Nervo-calm como los que tomaba el papá de Mafalda.
Después de esta descarga irracional, pero que para mí tiene mucho sentido (¿?), paso a decir que le festejamos el cumple el sábado en casa, que vinieron sus amigos, que es la 2° vez en la vida que no le decoro la torta con algún personaje de sus favoritos, que se divirtió, que lo escuché reirse, que estuvo contento también porque el jueves vino uno de sus amigos y se quedó hasta el sábado y el viernes vino su prima y se quedó hasta el domingo, que yo tuve la casa patas para arriba de tanto chico desde el jueves hasta el domingo, pero que al fin y al cabo él la pasó bien y se sintió feliz, y eso es lo que más me importa más allá de mis paranoiqueadas.
Se siente importante con sus 12 años y estoy orgullosa de eso.
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