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Corría el año 1979, y en un día como hoy, 27 de Noviembre, nacía Lorena Inés.
Lorena creció en Belgrano, con una mamá, Betty, con un papá, Alberto, y con una hermana, María Laura, de casi 2 años.
María Laura andaba por la vida contenta y feliz con su hermana nueva. Quería tener con quién jugar, con quién compartir aunque le costara. Agarraba de la mano a su hermanita y le enseñaba los primeros pasos por este mundo. Estaba fascinada con esa muñequita.
Lorena creció, comenzó a balbucear sus primeras palabras, comenzó a caminar, a comer sola, a correr, a reir, a Ser.
A los 2 años, a Lorena ya no le era tan fácil caminar. Sus piernas ya no eran tan fuertes, su cabeza comenzó a pesarle, sus manos no podían sostener lo que agarraban, ya no reía, ya no hablaba. Día tras día la familia veía el retroceso en esa pequeña princesita. Médicos y médicos la revisaban, que tiene que usar zapatos ortopédicos porque tiene no sé qué en los pies y por eso camina mal, que será tonta, que.. señora... su hija se muere. Se muere mañana, se muere en 1 mes, no le damos más de 1 año, quizás llegue hasta los 4, señora. Lo siento, señora.
Iban los padres de la pequeña princesita corriendo de acá para allá, que el Dr. Mattera, que la Dra. Gianotti, que cruzemos la frontera para ver al curandero Garrincha en Brasil, que vayamos a todas las Iglesias habidas y por haber. Médicos, santos, curanderos, brujos, cualquier cosa, todo en la desesperación de salvar la vida de esa nena. Te encomendás a todo. Muchas veces eran reprobados por ir a curanderos... pero quien tiene una hija al borde de la muerte, sabe que la esperanza mueve montañas, o ya ni me acuerdo qué cosa mueve montañas, pero si te dicen que la curan... vas a dejarla morir por hereje, por la posibilidad de arder en el infierno?
Así anduvieron 7 largos años, más de los pronosticados, los médicos estaban asombrados que viviera tanto... andaban con la pequeña princesita a cuestas, un nombre: "Leucodistrofia Metacromática", y una palabra: "Cúrela".
Betty se abocó a la hija enferma, Alberto a trabajar y a María Laura. En la casa se dormía con un paño sobre el velador, para que no dé tanta claridad, pero sí la suficiente como para ver a Lorena. Lorena ocupaba muchas veces la cama grande, dormía con la mamá. Ya no dormía en la cama marinera que compartía con María Laura, ya no hacían peleas de osos de una cama a la otra hasta que Betty les gritaba que se durmieran, y como buenas hermanas, María Laura bajaba a la cama de Lorena y jugaban en silencio un ratito más, con los pelos revueltos, coloradas de tanto reir y luchar.
Las cosas habían cambiado, en la casa se respiraba silencio, preocupación. Ya no había tantas risas. Pero esos padres nunca se olvidaron de María Laura; ya no hablemos del papá, que la llevaba consigo a todos lados, a pescar, a cobrar, a hacer trámites, a juntar la basura piso por piso (porque Alberto era encargado de edificio), y María Laura adoraba a ese ser maravilloso, no quería desprenderse de él ni por un segundo, lo ayudaba en todo lo que podía, lo acompañaba a todos lados, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Y la mamá... la mamá asistía a cada acto que tenía en el colegio, la vestía de punta en blanco, le leía una y mil veces los mismos libros metidas en la cama, la llevaba a la plaza para que no perdiera su infancia, la llevaba a un curso de dibujo, a Inglés. Betty era omnipresente. Fumaba mucho, mucho, mucho. Andaba nerviosa, dormía poco y mal. Pero siempre estaba arreglada, siempre su casa limpita y reluciente, sus hijas también, todo en orden, nada fuera de su lugar.
Hubo internaciones, durante meses. Hubo salidas a los gritos, corridas a lo loco, "se ahoga, se ahoga". La ventanilla del auto abierta para que entrara el aire, los dedos en la boca de la princesita para que no se ahogara, el pañuelo blanco volando al viento en señal de emergencia.
Hubo una bruja falsa que prometió la curación y pidió exactamente la suma que tenían en el banco, dinero con el cual estaban a punto de cumplir el sueño de la casa propia, pero había un sueño más importante aún. No hubo ni casa, ni curación.
Hubo otra que pidió una suma de dinero también con la misma promesa, y vendieron el auto. Ya no tenían ni auto ni curación.
María Laura a veces jugaba con Lorena, tenía un juego de té de porcelana, y ponía una bandeja sobre el cochecito de bebé en el que Lorena estaba, porque no podía mantenerse sentada. Era un bebé, pero con cuerpo de "grande". Ponía agua en la tetera, la servía en las tazas, y ponía la taza en su boca. Otras veces se metía en la cama grande, con Lorena entre las piernas, y le leía, mientras le mostraba los dibujos del libro. Lorena seguía con la mirada donde su hermana le señalaba. Todas las noches la saludaba con un beso en la frente antes de ir a dormir. Pero a decir verdad, a medida que pasó el tiempo, ya no jugaba mucho con ella. Lorena era aburrida, no interactuaba, no hacía nada.
Una vez, Betty le pidió a María Laura que vigilara a Lorena, mientras ella se iba a colgar la ropa. "Bueno, sí", y apenas se fue la mamá, volvió a enfrascarse en su lectura. De repente, se escucha un ruido... levanta la vista y Lorena no está en la cama... así fue que se quebró las dos piernas. No se sabe cómo, se dió vuelta y se cayó al piso. La culpa fue inmensa.
Y una noche, vino a cenar el padrino de María Laura, hombre que ella adoraba. Se quedaron hasta tarde cenando, riendo, charlando. Llegó la hora de irse a dormir... María Laura fué al baño, se cepilló los dientes, se cambió la ropa, se peinó el pelo. Estaba muy cansada, había sido un día largo. Se fue a acostar, y mientras subía la escalera de la cama marinera, se acordó de su hermana, de que no la había saludado, como todas las noches. Le dió tanta vagancia, que no volvió a bajar. Sólo la miró y pensó "no importa, mañana". Y se durmió.
Temprano a la mañana la despiertan, para decirle que se van al médico, a control, que siguiera durmiendo si quería. Ya tenía 11 años, se podía quedar un rato sola. Miró a la cama de su mamá, y vió que estaba terminando de preparar a su hermana. Cerró los ojos para conciliar el sueño nuevamente, y escuchó...
Betty gritó, y gritó, y sacudió a Lorena, mientras gritaba "andá a buscar a tu padre al garage!", y María Laura saltó de la cama, fue corriendo al garage y le dijo a su papá que algo pasaba...
Una vez más los 4 en el auto, una vez más el pañuelo blanco flameando en el viento, la ventanilla abierta, los dedos en la boca...
Entraron a la princesita a un consultorio, mientras María Laura y el papá quedaban esperando en la sala. Al rato vino la mamá, sacada a empujones para que no interfiriera. Betty daba vueltas, se agarraba la cabeza, lloraba, se sentaba, se paraba. Pasaron segundos, minutos, horas, no sé. Viene una persona, y le dice a María Laura que lo acompañe, que quiere hablar con ella, tranquilos, porque mamá y papá están nerviosos.
Creo que le ofrece un té, algo para tomar porque no desayunó, y mientras están en ese consultorio, los dos solos, él comienza a hablar...
"Viste que tu hermanita está muy enferma, que la trajeron acá muy grave, que nosotros somos médicos..."
Nada. No pudo seguir escuchando. Había una mujer que gritaba del otro lado de la puerta. Un grito que le congeló la sangre. Ún grito que reconoció...
Miró al doctor a los ojos y le dijo, más que preguntarle:
"Se murió".
"Sí", le contestó él, con una mirada de pena.
"Quiero ir con mi mamá"...
Los momentos que le siguieron son confusos en la memoria. María Laura y la mamá estaban con Lorena en un consultorio, Lorena con una gasa en la cabeza para que no abriera la boca, Betty que le saca la gasa enojada, una enfermera que intenta explicarle, Betty que dice que es su hija y no la quiere ver así.
María Laura en su casa, sola con una vecina, cambiándose, preparándose.
Parientes y vecinos que llegan al velatorio, toda la noche ahí, Lorena en un cajón, María Laura que la mira, la toca, la besa, le abre los ojos buscándola, buscando una señal. Está callada, va y viene, mira a su hermana, nadie parece entender. Ella tiene un secreto, y no lo quiere compartir porque va a ser una sorpresa. No tiene pena, no siente dolor, ella sabe. Ella sabe y los demás no. "No llores mamá", piensa. No lo dice, pero mira a todos con una sonrisa, ellos no tienen ni idea.
María Laura no quiere dormir, "tirate en un sillón, la noche es larga", le dicen, pero no quiere. No quiere perderse ese momento, ese instante. Sólo mira el cajón. Ella está preparada para lo que va a pasar y los demás no, y le divierte pensar que cuando su hermana se despierte, se siente en el cajón, porque no sólo va a despertar, sino que va a estar curada, y se va a poder sentar, le divierte pensar que todos se van a desmayar del susto y ella no. Ella va a ser la única que quede sin desmayarse, y se van a mirar con Lorena, directo a los ojos, con esa sonrisa cómplice que se supone tienen las hermanas.
Las horas pasan, pasa la noche y nada. Es que Lorena no se puede ir ... "si yo no le dí el beso de las buenas noches", piensa. Sin ese beso no se puede ir a ningún lado, su hermana va a despertarse a buscarlo. Es todo tan sencillo! Los adultos se complican sin sentido!
Llega la mañana, vienen unos hombres horribles a quedarse a solas con su hemana... "porqué mi mamá lo permite? No quiero que toquen a mi hermana, y si ella se despierta y yo no estoy? Ellos no saben nada!"
Y llegaron al cementerio, llevan a Lorena a un ascensor para cajones, que tiene unas cruces, "es el ascensor que va al infierno", piensa. Y es el día de hoy que lo sigue pensando cuando lo ve.
Último subsuelo... trasladan el cajón en algo parecido a una camilla, allá al fondo.
Allá van todos, en silencio. Rezan algo, y levantan el cajón... mi mamá llora, muchos lloran... ella no llora.
"No! Eso no está bien! No la metan ahí, nadie va a poder escucharla! Yo sé algo que ustedes no saben! No le pongan ninguna tapa!"
Y María Laura gritó, gritó fuera de sí, la agarraron, la sujetaron, pero ella pataleaba, peleaba, es que ellos no entendían nada, nadie entiende nada!
Y taparon el nicho. Y ella entendió, entró en la realidad. Y lloró por primera vez.
Adiós princesita.
María Laura nunca lloró su dolor entero, siempre a medias, porque a mamá y a papá les dolía mucho más, porque ellos lloraban, mamá tiraba todos los santos, insultaba, y era mi tarea juntarlos y guardarlos en una valijita rosa que tenía, yo sabía que se iba a arrepentir, y los iba a querer de vuelta, y se los guardé. Yo era quien quedaba, la otra princesa, y tenía que hacer algo para aliviar el dolor de ellos. No podía llorar, no me podían ver mal a mí también. Y ellos pensaron lo mismo, después lo supe, les quedaba una princesa viva, y tenían que estar bien para mí.
Durante mucho tiempo, años, creí que mi hermana se había muerto porque no la había saludado esa noche. Me sentí responsable y culpable. Quizás creyó que yo no la quería, y se fué. Me costó mucho decirselo a mi mamá, porque pensaba realmente que era mi culpa y se iba a enojar.
Obviamente hoy sé que no es así... las cosas se dieron como se tenían que dar. Y si me preguntan, lo mejor fue que muriera. Era eso, morir o seguir sufriendo así. O curarse, cosa que no iba a pasar nunca. Desde muy chica entendí que eso era así. Pero no dejaba de sentirme culpable.
Sé que mucho de mi personalidad tiene que ver con un vacío, con una ausencia. Mi relación con las personas tiene que ver con eso. Creo que siempre busqué una hermana o un hermano con quien llenar ese vacío. Pero si alguien me dice que somos hermanas, me molesta, porque ese lugar lo tiene Lorena. Siempre digo que cargo con algo muy fuerte, porque no es que no tuve una hermana... la tuve, pero apenas podía cumplir el "rol" de hermana. Suena feo, lo sé, pero es así. Estaba y no estaba. Y cuando se fue, ese vacío se profundizó. Yo no fui hija única. No tengo el problema de los hijos únicos, que quieren tener hermanos... la mía estaba, existió, fue real.
Y mi relación con los hombres... ahí tienen... la necesidad de "curar" y ayudar al otro. Hombres "simples"? No! Eso es "fácil". Hombres complicados, para poder ayudarlos como no pude ayudar a mi hermana.
Lo más parecido a una hermana es Guada, mi prima. Porque vino, ocupó la cama de mi hermana, cosa que odié en un primer momento, me sacó de mi exclusivo, ahora sí, rol de hija única. La detestaba. Se metió en mi vida, en mis cosas, ocupando todo lo que no le correspondía y no era paara ella. Tenía que llevarla cuando salía con mis amigos, una tortura.
Y llegué a amarla, tanto, tanto. Doy gracias que Guada existió y existe en mi vida. Además se llevan días con Lorena.
Cuando vamos a Entre Ríos, por serios problemas que ella tuvo allá, no va sin mí. Ni siquiera con mis viejos. Cada vez que mis papás van, y ella quiere ir, dice: "Si María Laura va, yo voy, sino no". Es así de terminante. Y eso a mí me hace sentir muy bien. Nunca le pregunté, pero creo que conmigo se siente segura, por eso se atreve a todo, como ya conté, mientras sea conmigo. Ella sabe muy bien, aunque nunca se lo dije, que siempre la voy a defender, y no voy a permitir que nada le pase. Y darle seguridad a mi prima, hace que me sienta como su hermana mayor.
Feliz Cumpleaños Lorena!! Hoy llegaría a los 30.
*
Lorena creció en Belgrano, con una mamá, Betty, con un papá, Alberto, y con una hermana, María Laura, de casi 2 años.
María Laura andaba por la vida contenta y feliz con su hermana nueva. Quería tener con quién jugar, con quién compartir aunque le costara. Agarraba de la mano a su hermanita y le enseñaba los primeros pasos por este mundo. Estaba fascinada con esa muñequita.
Lorena creció, comenzó a balbucear sus primeras palabras, comenzó a caminar, a comer sola, a correr, a reir, a Ser.
A los 2 años, a Lorena ya no le era tan fácil caminar. Sus piernas ya no eran tan fuertes, su cabeza comenzó a pesarle, sus manos no podían sostener lo que agarraban, ya no reía, ya no hablaba. Día tras día la familia veía el retroceso en esa pequeña princesita. Médicos y médicos la revisaban, que tiene que usar zapatos ortopédicos porque tiene no sé qué en los pies y por eso camina mal, que será tonta, que.. señora... su hija se muere. Se muere mañana, se muere en 1 mes, no le damos más de 1 año, quizás llegue hasta los 4, señora. Lo siento, señora.
Iban los padres de la pequeña princesita corriendo de acá para allá, que el Dr. Mattera, que la Dra. Gianotti, que cruzemos la frontera para ver al curandero Garrincha en Brasil, que vayamos a todas las Iglesias habidas y por haber. Médicos, santos, curanderos, brujos, cualquier cosa, todo en la desesperación de salvar la vida de esa nena. Te encomendás a todo. Muchas veces eran reprobados por ir a curanderos... pero quien tiene una hija al borde de la muerte, sabe que la esperanza mueve montañas, o ya ni me acuerdo qué cosa mueve montañas, pero si te dicen que la curan... vas a dejarla morir por hereje, por la posibilidad de arder en el infierno?
Así anduvieron 7 largos años, más de los pronosticados, los médicos estaban asombrados que viviera tanto... andaban con la pequeña princesita a cuestas, un nombre: "Leucodistrofia Metacromática", y una palabra: "Cúrela".
Betty se abocó a la hija enferma, Alberto a trabajar y a María Laura. En la casa se dormía con un paño sobre el velador, para que no dé tanta claridad, pero sí la suficiente como para ver a Lorena. Lorena ocupaba muchas veces la cama grande, dormía con la mamá. Ya no dormía en la cama marinera que compartía con María Laura, ya no hacían peleas de osos de una cama a la otra hasta que Betty les gritaba que se durmieran, y como buenas hermanas, María Laura bajaba a la cama de Lorena y jugaban en silencio un ratito más, con los pelos revueltos, coloradas de tanto reir y luchar.
Las cosas habían cambiado, en la casa se respiraba silencio, preocupación. Ya no había tantas risas. Pero esos padres nunca se olvidaron de María Laura; ya no hablemos del papá, que la llevaba consigo a todos lados, a pescar, a cobrar, a hacer trámites, a juntar la basura piso por piso (porque Alberto era encargado de edificio), y María Laura adoraba a ese ser maravilloso, no quería desprenderse de él ni por un segundo, lo ayudaba en todo lo que podía, lo acompañaba a todos lados, no lo dejaba ni a sol ni a sombra. Y la mamá... la mamá asistía a cada acto que tenía en el colegio, la vestía de punta en blanco, le leía una y mil veces los mismos libros metidas en la cama, la llevaba a la plaza para que no perdiera su infancia, la llevaba a un curso de dibujo, a Inglés. Betty era omnipresente. Fumaba mucho, mucho, mucho. Andaba nerviosa, dormía poco y mal. Pero siempre estaba arreglada, siempre su casa limpita y reluciente, sus hijas también, todo en orden, nada fuera de su lugar.
Hubo internaciones, durante meses. Hubo salidas a los gritos, corridas a lo loco, "se ahoga, se ahoga". La ventanilla del auto abierta para que entrara el aire, los dedos en la boca de la princesita para que no se ahogara, el pañuelo blanco volando al viento en señal de emergencia.
Hubo una bruja falsa que prometió la curación y pidió exactamente la suma que tenían en el banco, dinero con el cual estaban a punto de cumplir el sueño de la casa propia, pero había un sueño más importante aún. No hubo ni casa, ni curación.
Hubo otra que pidió una suma de dinero también con la misma promesa, y vendieron el auto. Ya no tenían ni auto ni curación.
María Laura a veces jugaba con Lorena, tenía un juego de té de porcelana, y ponía una bandeja sobre el cochecito de bebé en el que Lorena estaba, porque no podía mantenerse sentada. Era un bebé, pero con cuerpo de "grande". Ponía agua en la tetera, la servía en las tazas, y ponía la taza en su boca. Otras veces se metía en la cama grande, con Lorena entre las piernas, y le leía, mientras le mostraba los dibujos del libro. Lorena seguía con la mirada donde su hermana le señalaba. Todas las noches la saludaba con un beso en la frente antes de ir a dormir. Pero a decir verdad, a medida que pasó el tiempo, ya no jugaba mucho con ella. Lorena era aburrida, no interactuaba, no hacía nada.
Una vez, Betty le pidió a María Laura que vigilara a Lorena, mientras ella se iba a colgar la ropa. "Bueno, sí", y apenas se fue la mamá, volvió a enfrascarse en su lectura. De repente, se escucha un ruido... levanta la vista y Lorena no está en la cama... así fue que se quebró las dos piernas. No se sabe cómo, se dió vuelta y se cayó al piso. La culpa fue inmensa.
Y una noche, vino a cenar el padrino de María Laura, hombre que ella adoraba. Se quedaron hasta tarde cenando, riendo, charlando. Llegó la hora de irse a dormir... María Laura fué al baño, se cepilló los dientes, se cambió la ropa, se peinó el pelo. Estaba muy cansada, había sido un día largo. Se fue a acostar, y mientras subía la escalera de la cama marinera, se acordó de su hermana, de que no la había saludado, como todas las noches. Le dió tanta vagancia, que no volvió a bajar. Sólo la miró y pensó "no importa, mañana". Y se durmió.
Temprano a la mañana la despiertan, para decirle que se van al médico, a control, que siguiera durmiendo si quería. Ya tenía 11 años, se podía quedar un rato sola. Miró a la cama de su mamá, y vió que estaba terminando de preparar a su hermana. Cerró los ojos para conciliar el sueño nuevamente, y escuchó...
Betty gritó, y gritó, y sacudió a Lorena, mientras gritaba "andá a buscar a tu padre al garage!", y María Laura saltó de la cama, fue corriendo al garage y le dijo a su papá que algo pasaba...
Una vez más los 4 en el auto, una vez más el pañuelo blanco flameando en el viento, la ventanilla abierta, los dedos en la boca...
Entraron a la princesita a un consultorio, mientras María Laura y el papá quedaban esperando en la sala. Al rato vino la mamá, sacada a empujones para que no interfiriera. Betty daba vueltas, se agarraba la cabeza, lloraba, se sentaba, se paraba. Pasaron segundos, minutos, horas, no sé. Viene una persona, y le dice a María Laura que lo acompañe, que quiere hablar con ella, tranquilos, porque mamá y papá están nerviosos.
Creo que le ofrece un té, algo para tomar porque no desayunó, y mientras están en ese consultorio, los dos solos, él comienza a hablar...
"Viste que tu hermanita está muy enferma, que la trajeron acá muy grave, que nosotros somos médicos..."
Nada. No pudo seguir escuchando. Había una mujer que gritaba del otro lado de la puerta. Un grito que le congeló la sangre. Ún grito que reconoció...
Miró al doctor a los ojos y le dijo, más que preguntarle:
"Se murió".
"Sí", le contestó él, con una mirada de pena.
"Quiero ir con mi mamá"...
Los momentos que le siguieron son confusos en la memoria. María Laura y la mamá estaban con Lorena en un consultorio, Lorena con una gasa en la cabeza para que no abriera la boca, Betty que le saca la gasa enojada, una enfermera que intenta explicarle, Betty que dice que es su hija y no la quiere ver así.
María Laura en su casa, sola con una vecina, cambiándose, preparándose.
Parientes y vecinos que llegan al velatorio, toda la noche ahí, Lorena en un cajón, María Laura que la mira, la toca, la besa, le abre los ojos buscándola, buscando una señal. Está callada, va y viene, mira a su hermana, nadie parece entender. Ella tiene un secreto, y no lo quiere compartir porque va a ser una sorpresa. No tiene pena, no siente dolor, ella sabe. Ella sabe y los demás no. "No llores mamá", piensa. No lo dice, pero mira a todos con una sonrisa, ellos no tienen ni idea.
María Laura no quiere dormir, "tirate en un sillón, la noche es larga", le dicen, pero no quiere. No quiere perderse ese momento, ese instante. Sólo mira el cajón. Ella está preparada para lo que va a pasar y los demás no, y le divierte pensar que cuando su hermana se despierte, se siente en el cajón, porque no sólo va a despertar, sino que va a estar curada, y se va a poder sentar, le divierte pensar que todos se van a desmayar del susto y ella no. Ella va a ser la única que quede sin desmayarse, y se van a mirar con Lorena, directo a los ojos, con esa sonrisa cómplice que se supone tienen las hermanas.
Las horas pasan, pasa la noche y nada. Es que Lorena no se puede ir ... "si yo no le dí el beso de las buenas noches", piensa. Sin ese beso no se puede ir a ningún lado, su hermana va a despertarse a buscarlo. Es todo tan sencillo! Los adultos se complican sin sentido!
Llega la mañana, vienen unos hombres horribles a quedarse a solas con su hemana... "porqué mi mamá lo permite? No quiero que toquen a mi hermana, y si ella se despierta y yo no estoy? Ellos no saben nada!"
Y llegaron al cementerio, llevan a Lorena a un ascensor para cajones, que tiene unas cruces, "es el ascensor que va al infierno", piensa. Y es el día de hoy que lo sigue pensando cuando lo ve.
Último subsuelo... trasladan el cajón en algo parecido a una camilla, allá al fondo.
Allá van todos, en silencio. Rezan algo, y levantan el cajón... mi mamá llora, muchos lloran... ella no llora.
"No! Eso no está bien! No la metan ahí, nadie va a poder escucharla! Yo sé algo que ustedes no saben! No le pongan ninguna tapa!"
Y María Laura gritó, gritó fuera de sí, la agarraron, la sujetaron, pero ella pataleaba, peleaba, es que ellos no entendían nada, nadie entiende nada!
Y taparon el nicho. Y ella entendió, entró en la realidad. Y lloró por primera vez.
Adiós princesita.
María Laura nunca lloró su dolor entero, siempre a medias, porque a mamá y a papá les dolía mucho más, porque ellos lloraban, mamá tiraba todos los santos, insultaba, y era mi tarea juntarlos y guardarlos en una valijita rosa que tenía, yo sabía que se iba a arrepentir, y los iba a querer de vuelta, y se los guardé. Yo era quien quedaba, la otra princesa, y tenía que hacer algo para aliviar el dolor de ellos. No podía llorar, no me podían ver mal a mí también. Y ellos pensaron lo mismo, después lo supe, les quedaba una princesa viva, y tenían que estar bien para mí.
Durante mucho tiempo, años, creí que mi hermana se había muerto porque no la había saludado esa noche. Me sentí responsable y culpable. Quizás creyó que yo no la quería, y se fué. Me costó mucho decirselo a mi mamá, porque pensaba realmente que era mi culpa y se iba a enojar.
Obviamente hoy sé que no es así... las cosas se dieron como se tenían que dar. Y si me preguntan, lo mejor fue que muriera. Era eso, morir o seguir sufriendo así. O curarse, cosa que no iba a pasar nunca. Desde muy chica entendí que eso era así. Pero no dejaba de sentirme culpable.
Sé que mucho de mi personalidad tiene que ver con un vacío, con una ausencia. Mi relación con las personas tiene que ver con eso. Creo que siempre busqué una hermana o un hermano con quien llenar ese vacío. Pero si alguien me dice que somos hermanas, me molesta, porque ese lugar lo tiene Lorena. Siempre digo que cargo con algo muy fuerte, porque no es que no tuve una hermana... la tuve, pero apenas podía cumplir el "rol" de hermana. Suena feo, lo sé, pero es así. Estaba y no estaba. Y cuando se fue, ese vacío se profundizó. Yo no fui hija única. No tengo el problema de los hijos únicos, que quieren tener hermanos... la mía estaba, existió, fue real.
Y mi relación con los hombres... ahí tienen... la necesidad de "curar" y ayudar al otro. Hombres "simples"? No! Eso es "fácil". Hombres complicados, para poder ayudarlos como no pude ayudar a mi hermana.
Lo más parecido a una hermana es Guada, mi prima. Porque vino, ocupó la cama de mi hermana, cosa que odié en un primer momento, me sacó de mi exclusivo, ahora sí, rol de hija única. La detestaba. Se metió en mi vida, en mis cosas, ocupando todo lo que no le correspondía y no era paara ella. Tenía que llevarla cuando salía con mis amigos, una tortura.
Y llegué a amarla, tanto, tanto. Doy gracias que Guada existió y existe en mi vida. Además se llevan días con Lorena.
Cuando vamos a Entre Ríos, por serios problemas que ella tuvo allá, no va sin mí. Ni siquiera con mis viejos. Cada vez que mis papás van, y ella quiere ir, dice: "Si María Laura va, yo voy, sino no". Es así de terminante. Y eso a mí me hace sentir muy bien. Nunca le pregunté, pero creo que conmigo se siente segura, por eso se atreve a todo, como ya conté, mientras sea conmigo. Ella sabe muy bien, aunque nunca se lo dije, que siempre la voy a defender, y no voy a permitir que nada le pase. Y darle seguridad a mi prima, hace que me sienta como su hermana mayor.
Feliz Cumpleaños Lorena!! Hoy llegaría a los 30.
*

11 en altamar dijeron:
No puedo escribirte mucho Mar..los dolores profundos nunca se nos van, las personas nunca se borran.
Es como decís, fue mejor así...
El dolor de perder a un ser querido se va acomodando con los años..pero no se va.
Abrazote
Sabes que normalmente leo tu blog pero no firmo. Hoy tengo ganas de abrazarte mas que nunca. Te pido disculpas por no terminar de leer el post, no pude, me dolio muchisimo tu dolor. Eras chiquita. Te quiero nena. Nada mas
Chiquita, que hermoso lo que escribiste, como lo redactaste, la verdad es que me encantó y me llegó hasta lo más profundo de mi corazón.
Te quiero Mucho.
yo también quiero matee!!!!!!!
Ahh, y me encantó tu nueva casita!!!, está preciosaaaa!!!
TE EXTRAÑO UNA BANDA!
Lau, cómo cuestan estos cumpleaños.
Imagino lo que viviste de nena y me partías el alma.
No puedo decir más porque estoy hecha mierda, porque a pesar de que ya lo hablamos, me duele lo que viviste.
Vos sabés, y entendés, que los que pasamos por cosas así no queremos que lo pasen las personas que adoramos.
Te quiero mucho nena, estoy en este momento.
Millones de besos
Sabes... me hiciste llorar con este post... debe haber sido terrible... pero creo q vos tb tenias derecho a llorar... la perdidda tb era tuya... fuerza Lau... pk para esta vida hace falta mucha fuerza... y q bueno q aparecio Guada... viste lo q a veces se nos quita se nos recompensa por otro lado... te mando muchos besotes.... (,e dejaste un dejo de penita ...)
Cris:
Sí fue mejor así, eso no era vida para nadie, ni para ella ni para mis viejos.
Ando acomodando los dolores profundos que tapé durante tantos años. Basta para mí, basta para todos. Se abrieron las puertas y no quiero cerrarlas más. Hay cosas en este texto que no recordaba y lo fui haciendo mientras escribía... hay cosas que "no sabía que sabía"...
Recibido, hermosa. Otro para allá.
Ro:
Y lo terminaste cuando pudiste, así me conocés un poco más. De esto no sabías casi nada, como todos... una sola vez en todos estos años conté lo que sentí esa noche.
Siempre le resté importancia al tema de mi hermana, incluso llegué a sentirlo. Supongo que fue un método de defensa que adopté desde el principio.
Como viste en las fotos, las miradas que teníamos una con la otra dicen demasiado.
Y aunque no querés que te lo diga, gracias por esos abrazos, los necesitaba mucho, mucho.
Te Quiero, nene.
Paus:
A decir verdad, creo que es el primer cumpleaños de mi hermana que me "llega". Nunca permití que lo hiciera. Yo no podía estar mal primero por mis viejos, y después por mí. No sé porqué me hice cargo de eso desde tan chica, nadie me lo pidió. Pero como dije arriba, supongo que fue en "defensa propia", y porque tenía que "alegrar" la vida de mis viejos de alguna forma.
Además... ahora que recuerdo, nadie me preguntó cómo estaba, cómo me sentía... nadie. Y no por malos, sino porque daban por hecho que estaba mal, y querían "distraerme". Toda mi familia hizo lo mismo, tios, abuelos, todos. Hace algún tiempo le dije eso a mi vieja... yo sólo quería que me preguntaran cómo estaba, no que me distrajeran. Pero hicieron lo que pudieron y creyeron mejor.
Te Quiero Pau, y sé que siempre estás. Gracias por eso, nena! También estoy para vos.
Besotes
An:
La redacción deja mucho que desear! Pero no pude corregirlo, se me mezclaron los tiempos por ahí, y siempre releo todo antes de subirlo, pero este no pude.
Lo hice en tercera persona porque necesité alejarme para ver bien qué es lo que pasó. Incluso me llamé por mi nombre completo, cosa que no hago nunca salvo que me esté auto-retando.
Te Quiero, pendeja! Y ese mate... no sabés cuánto lo necesito!! Por el momento tomá vos y "dedicámelos", jaja!
Psss... se podía esperar otra cosa de mí que no sea "preciosura"??? ;)
Besotes! Y te extraño también!!
Nina:
Si, la pérdida también era mía, pero no lo podía ver así. Es raro.
Lo de Guada visto a la distancia fue increible... que exista esa pendeja nos hizo mucho bien a todos. Y para Guada también fue un cambio de vida que ella necesitaba urgentemente. Cómo se dieron las cosas...
Besotes también para vos, hermosa!
Si Mar...hace bien abrir el cuore..
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